jueves, 14 de febrero de 2008

ESTILOS DE LIDERAZGO EL BARBARO

La personalidad del bárbaro se adapta bien a la dedicación exclusiva, e incluso fanática, a una sola misión. Sus actos obedecen tanto al compromiso que emocionalmente tiene para con sus objetivos, como a cualquier tipo de planificación racional.

Cuando habla de su misión, torrentes de adrenalina invaden sus venas y la intensidad de su afán se hace evidente. Los demás responden a esa fuerza con el interés que el ejemplo suscita. Sus puntos fuertes son la disciplina y la acción rápida. Así como el profeta es el primer líder- visionario, el bárbaro es el primer líder- gerente. Influye para que otros ingresen en la organización; asigna cometidos y responsabilidades; señala metas a la actividad; sanciona con premios y castigos.

El bárbaro manda y ordena, y no es fácil que consulte a nadie ni que delegue atribuciones. Si alguna vez tiene dudas en cuanto al plan de batalla a seguir, jamás permitirá que eso se le note. El no pierde el tiempo en demasiados análisis ni en la elaboración de planes largos y complicados. Se caracterizan por su gran fe en la fuerza de la voluntad humana. Ellos no necesitan analizar tantos números ni tendencias para determinar si algo va a suceder o no; prefieren confiar en su propia capacidad para conseguir que lo deseado suceda. A los bárbaros les asemeja la obstinación con que persiguen sus objetivos. Muchos hombres de presa, perfectamente idóneos para el mando en tiempos de crisis, se muestran incapaces o inadecuados para recoger otros desafíos ulteriores. Dadas las condiciones de crecimiento rápido y probable desorden, el estilo de mando del bárbaro es, precisamente, el idóneo. El bárbaro eficaz pretende sentar, mediante el ejemplo, la ética de la compañía.

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